El último día de París

 No sé si comenzé a pensar en el último día, desde el miércoles o desdes el jueves, lo seguro es que me preparé para este día. Me desperté gracias a la gastroenteróloga que dormìa en mi pieza. Se despertó a las 6 am, hizo su maleta y se fue, yo no conseguí retomar el sueño, así que me quedé dando vueltas en la cama mala que se hundía. A las 8am decidí bajar a desayunar, con mi chaleco vintange, obvio y mi cara blanca de sueño, obvio. Esa hostal era tan mala, daba miedo cada lugar o quizás era demasiado cool y moderna la St. Christopher. Bajé al lugar donde sirven “Le petit dejauner” y era medio parecido al de la otra hostal, pero nunca mejor que el de Etap (L). Como siempre, lo primero que saqué fue un vaso de jugo de naranja, después pan, mantequilla y al final le pido al señor una taza de café. No era exactamente una taza, era uno de esos posillos donde uno toma sopa para uno, de esos mismos, pero lleno de café. Traté de tomar lo que más pude, pero ya era suficiente para mí. Miré el lugar, y para variar había un chino, unas niñas árabes y al fondo unos argentinos (los ví en la recepción, por eso supe qe eran argentinos). Subí a mi pieza compartida y miré por última vez esa ventana grande donde estuve sólo un día. Hacia mi izquierda una gran iglesia que hacía sonar sus campanas recordándome que ya eran las 9am y tenía que tomar el TGV.

 

Bajé a hacer el check out y estaban los argentinos dejando sus cosas en el locker. Me hablaron y les hablé, nos preguntamos cosas, las de siempre y me los calzé para que me ayudaran con los bolsos hacia el metro. Ahí iba yo, caminando por Rue de M…uno era de Buenos Aires y otro de no me acuerdo donde,  lo bueno era que cada uno me llevaba un bolso y me dejaron en el taxi, que por segunda vez: era un mercedes benz.

 

-Bonjour monsier! I need to go Gare de L’est, the TGV station –

-Ok madame-

 

Me despedí de mis esclavos argentinos, agradeciéndoles y deseándoles todo lo mejor por París. Me subo al taxi y apenas dos segundos arriba, me doy cuenta que Notre Dame estaba al lado de la hostal. No era tan lejos, creo que fueron 8€ para 7 minutos arriba de ese mercedes. Entro a la estación y me dan ganas de entrar a esa tienda Virgin,  tienen libros, discos, dvds., pero ando tan llena de cosas que sólo atino en dirección a las pantallas para ver si ya pusieron el andén del tren a strasbourg. No, todavía no, así que me doy una vueltas y compro unos llaveros de la torre eiffel con forma de jirafa y de vaca. Uno para mí y otro para David. Me doy otra vuelta más y encuentro un Photomaton, corro hacia él para tomarme mi última foto en París. Por supuesto, con mi boina mostaza. Cuando estaba adentro de la cabina, se escucha algo en francés, que supongo, dice que el tren ya está en el andén. Me desespero un poco, termino de hacer la foto, y corro. Por suerte, la gente recién estaba entrando. Busco el carro número 18, no me dan más las manos, la maleta junto con el bolso pesan mucho. Es el último carro y el más lleno. Unos chinitos mochileros me ayudan a subir la maleta a un compartimiento muy alto. Busco el asiento número 75 y ya estoy lista. Con mi araki de 15€, el ticket en mano y un poco de pena.

Sale el TGV y a mi lado una señora de unos 50 años aprox. Me pregunta si acaso soy japonesa al mirar el libro de ARAKI. Le digo que no, ni siquiera le dije “Je suis Chilean”. Sólo me quedé callada y seguí mirando mi joyita. Comienza a andar y no va tan rápido como esperaba, pero a los 10 minutos ya empieza a picarla, no sé a cuantos Km. va, pero el paisaje pasa súper rápido, verde, verde, como el parque de los teletubbies, con lomas perfectas y árboles en serie, todo super bien hecho. La señora a mi lado, constantemente mira mi libro y escribe en su agenda, percibo que sus ojos se van hacia el libro y al rato, sólo mi libro. Me acuerdo de ese video de John Cage que no sé si es exactamente de él, pero está en youtube. Saco el computador y pongo el itunes sólo para escucharlo. In a landscape del disco In a landscape. Pensé en grabar pero me habría sentido muy cursi. Preferí sentirme bien y disfrutar ese viaje, que sentirme ridículamente copiando una imagen de ventana. Va súper rápido ahora. Sigue sonando Cage y lo que me pasa es tan distinto a lo que me pasaba 3 años atrás cuando escuchaba esta canción. 3 años es harto. Suficiente como para  escuchar esta canción, una y otra vez y no llorar, saber dejar de llorar y sentir que todo va súper rápido como este tren, y los árboles consecutivo, las planicies perfectas y esta señora a mi lado que claramente escribe en su diario de vida. Acá nadie se averguenza de nada, un tipo en el asiento diagonal a mí, se tira un chancho mientras juega con su hija china. A nadie le importa. Abuelitos escuchando de sus ipod con audífonos grandes, rabinos, negros con ropa buena, y me sigue gustando tanto esta señora que está a mi lado. Es como Diane Keaton, de hecho, es igualita en esa película que hace de escritora y se come al guachito de matrix. Voy llegando parece porque todos empieza a buscar sus bolsos. Voy a cerrar esto y ni siquiera disfruté tanto del viaje. Apago el pc y me pongo mi boina mostaza que no me da vergüenza usar.

(viernes 20 de marzo 2009)

 

TGV

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Elisa

 

Tenía que hacer check out en St. Christopher a las 10:30, pero antes, ordenar todos mis pertrechos que he recolectado en estos días. Me senté en la mesita para pintarme los labios y al frente mío está esta gringa con cara de anorexia. Es linda y flaca, lo más probable es que estudie arte o diseño –pensé-. Al rato se acerca una voluptuosa mujer negra, pelo largo y trenzas. Me habla y le digo que no entiendo, así que me habla en español. Era de New York y estaba terminando sus estudios de economía y andaba de vacaciones de invierno. Nos pusimos a conversar harto rato y yo estaba justa con la hora del check out. No me quería ir, esa pieza estaba buena, me había tocado una cama abajo y se veía el sena desde la gran ventana. Más encima, era la cama B.

La gringa anoréxica efectivamente estudiaba arte, pero era tan rara la mina, que ni me dieron ganas de hablarle. Era como esa versión de minas que se hacen las loquitas y se tocan el pelo y tiran la guata pafuera. Bueno, la pequeña guata que tienen. Bajé con Elisa, la mujer afroamericana, hacia la recepción. Le pregunté si iba para el metro, para que nos fuéramos juntas (y para que me ayudara con los bolsos). Ella iba a un café cerca de montmartre para desayunar, saqué cuentas y alcanzaba, porque tenía que estar a las 12:30 en la otra hostal y eran recién las 10:30. El café era en la estación cadet, pero como 4 cuadras hacia arriba y con los bolsos, fue un poco difícil, para ella más que nada, que no estaba muy acostumbrada a caminar. Entramos al café, que en verdad era un café-restaurant y a la hora que llegamos, ya todos estaban almorzando, así que no nos quedó otra que almorzar. Nos costó decidir, pero por suerte ella sabía francés-español-inglés, así que no tuve problema con los ingredientes. Esta era mi primera y última comida francesa.

Me contaba que había tenido muy mala suerte en el amor y que un peruano le había roto el corazón. Definitivamente éramos las dos mujeres que hablábamos más fuerte en todo el café. Nos reíamos de cada cosa que nos contábamos y encontrábamos que esos franceses eran muy callados y reservados. Una mujer negra con unas tetas enormes y yo, excesivamente feliz, porque al fin podía hablar español. Qué mejor. Me dejó en el metro cadet, donde continué mi tortuoso camino hacia la hostal que ni conocía. Sólo sabía que tenía que bajarme en La soborne. Salí del metro y le pregunté a un taxista por la dirección exacta y me dijo que no era lejos, casi 5 minutos. Para mí, fueron infinitos, porque de verdad, ya no podía más con esos bolsos. Llego a la recepción de “BVG Centro internacional de Paris”. Una niña en un perfecto inglés me dice que sólo con cash y que no hay piezas de 6 u 8 camas, sólo una compartida para dos personas. Accedo, sólo por cansancio de las maletas y prisa por ir a los últimos lugares. Es rara esta hostal. No tiene ascensores, así que subo dolorosamente la escalera hacía el tercer piso. La pieza da hacia la calle principal, con una ventana bonita, dos camas de ½ plaza?, repisas, closet y ducha. Dejo los bolsos, trato de descansar los pies, las manos, el cuello y busco mi agenda para ver que alcanzo a hacer.

Hacia Les halles a ver que puedo comprar y después al Grand Palais. Me di muchas vueltas y como siempre, muy perdida, viendo mapas en cada esquina. Al fin doy con la tienda adidas que andaba buscando, pero no me convencen esos polerones, bonitos, pero creo que es mejor otra cosa. Al fin me ubico bien y encuentro la librería pulenta que vi el otro día. Antes de eso me compro un panini con mozzarla, tomate y pollo más una cocacola. Entro a la librería y voy directo al taschen que el David quería y para mí, un calendario de Frida. Bonito. Cuando voy a pagar, le digo que es con tarjeta. Me pide mi “autógrafo” porque según él – yo podía ser una gran artista- . Ohh oui oui monsier. Aprovecho de preguntarle si tenía algo de Nan Goldin o Cindy Sherman. De Sherman nada, pero va en busca de Goldin en el estante de “PhotoART”. Vendió el último ayer, se agacha para asegurarse y me agacho con él para mirar bien y veo un Araki enorme de la Taschen. Veo el precio y dice 15€!!!!!. Le preguntó porqué tiene ese precio y me dice porque la caja está fea. Ni siquiera lo pienso un rato y le digo: I take it please. Se puso contento porque yo creo que nadie se lo habría comprado. Me voy con una gran peso nuevamente en las manos, bolsas y bolsas. Entré a una tienda “vintage” y me compré una boina mostaza. Sé que no la usaré en santiago, pero quiero llegar al aeropuerto pintamoneando con algo. Tomo el metro en dirección al grand palais, ya eran las 7pm, era obvio que iba a estar cerrado. La exposición de Andy Warhol ya había cerrado, pero por el frontis principal estaba abierta la exposición “ART PARIS”. La entrada decía VIP y juré que era con invitación, así que me quedé afuera, mirando cómo entraban todas estas personas tan, pero tannnn bien vestidas y yo, siempre muy poco adhoc, con parka y comiendo el resto de panini que me quedaba. Me aseguro bien de que es para VIP, pero veo que en una esquina hay una boletería y Voila!, estaba abierto para todo público. Nerd. Pido un ticket estudiante 9€, dejo las bolsas en una custodia y entro. Ya estaba bien cansada para seguir mirando cosas, pero igual entré. Eran miles y miles de stands que representaban a distintas galerías de arte moderno de todo París (y algunas extranjeras). Dos horas para mirar todo pero bien rápido, mis pies ahora si que no daban más. Salgo y me siento en las escaleras, termino de comer los restos del resto de panini y al lado mío hay un viejito en silla de ruedas rodeado por unas personas vestidas de negro, muy artistas. Le hablan fuerte, porque supongo que no escucha bien. Veo que la gente que pasa, lo mira y ponen cara de querer acercarse. Uno se atreve y le habla, al rato, ya forma parte del grupo de los otros artistas y todos hablan. Yo sigo ahí, con mi pedazo de pan, mirando, queriendo estar con el David, haciendo teorías de algo, o alguien para tomarme un café y contarle que éste era mi última noche en París y que me sentía muy llena de felicidad.

Caminé hacia Champs Hélices, para mirar por última vez la hilera de autos que terminan en el Arco del triunfo. Saqué unas fotos, bien fallidas y entré al metro de nuevo. Creo que nunca había dado tanto jugo en el metro, para llegar a una estación. Me equivocaba de dirección, me equivocaba de línea y después me bajé en otra que naqeer. Las bolsas hacían todo más difícil y no sé porqué, pero agradecía que esta ya era la última noche en París. Rogaba que la pieza no fuese compartida con un hombre o mejor con nadie. Pero no fue así, toqué la puerta de la pieza y me abrió una mujer que no entendía mucho que hacía yo ahí. Le dije: this is my bed. Ohhh okkkkk!!!!! Dijo. Era gastroenteróloga, venía a Paris a un congreso y era de Lyon. Simpática.

Comida en Montmartre   St. Christopher hostel

Elisa fom NY Frontis Gran Palais