metal heart

Arrastro las pantuflas por el pasillo lleno de pertrechos. Voy asimilando de a poquito que hoy es lunes, y por desgracia, hay sol. Un vaso de agua, la pastilla y una mandarina. Me lavo la cara y me da rabia que siga siendo la misma. Arrastro de nuevo las pantuflas hacia la pieza, de a poco empiezo a sacar los chalecos con los que dormí anoche. Parezco de 87 años, moviéndome con dolor, una anciana de pelo rojo y  un tatuaje en el cuello, no está bien. No he querido mirar por la ventana, pero me imagino que es un día bonito. Me propongo comprar un rollo para sacar las últimas fotos de Valparaíso. Me saltaré el almuerzo, tengo mandarinas para todo el día. Aunque sigo pensando en quedarme en la pieza, me gana la idea de ponerme vestido y salir por ahí. No quisiera visitar ni llamar a ni una amiga. Tengo que re-construir la independencia que olvidé gracias al amor, la evidencia que nunca fui tan egoísta, como dicen. Me pinto las uñas fucsias, lloro con mi papá al teléfono, me confiesa que le preocupa mi poca estabilidad, pero me recuerda que aún queda mucho, -lo de siempre-, pienso. Va a empezar la comedia, tengo que salir antes o si no.

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